Es típico escuchar que tenemos que aprender a respirar, y puede sonar muy raro, teniendo en cuenta que respiramos constantemente desde el momento en que nacemos. Por ello conviene aclarar a que nos referimos con aprender a respirar.

El sistema nervioso controla la respiración de forma automática y mecánica, y la regula o altera según circunstancias y necesidades internas y externas. Por ejemplo, si corres para coger el autobús o porque participas en una carrera, el sistema nervioso acelerara tu respiración en base a los requerimientos fisiológicos de la actividad que has iniciado. Si estas sentado en tu despacho con un montón de papeles de cosas a resolver, y suena el teléfono, que tienes que atender, mientras el jefe entra y te pide que determinada carpeta corre prisa y resulta que es la que tienes más atrasada. “Uf, que estrés”, la mente se altera y aunque estés en una silla, aparentemente en una actividad de reposo. Tu respiración se acelera. Ya en casa y en tu sofá favorito, por fin descansando, pero pones la tele y las noticias te ponen de mal humor, tu respiración no llega a relajarse, pones una película… acción, terror, drama, la película moverá tus emociones y con ellas tu respiración. Seguimos sin recuperar la respiración natural. Nos vamos a dormir y debería ser el momento en que consiguiéramos una respiración totalmente reposada, pero el sueño procesa lo vivido a lo largo del día y en muchas ocasiones tampoco conseguimos dormir bien y la respiración reacciona con los sueños.

Por desgracia, nuestra sociedad nos lleva a vivir muchas de estas circunstancias en las que hay que poner la atención en varias cosas a la vez. Hacemos malabares para realizarlas cuanto antes, lo que nos lleva a una mente agitada que dará información al sistema nervioso de sus necesidades activadoras y este mantendrá una respiración agitada y entre cortada. Esto en momentos puntuales no es malo, pero si la mayor parte de tiempo es así, se instala una respiración corta y rápida, superficial. Incorrecta si es permanente, y los músculos respiratorios mantendrán un ritmo intenso, no tendrán reposo, y sus acciones (movimientos) no serán completas. Por ejemplo, el diafragma no llegara a completar su movimiento, lo hará corto y rápido, sobrecargándose de tensiones, sin momento para liberarlas, pues la respiración antinatural (que responde al estrés) se habrá instalado como normal o habitual.

Aprender a respirar quiere decir, reaprender a respirar: recuperar la respiración natural, relajada completa y consciente. Tomar el control de la respiración de forma voluntaria. Podemos realizar ejercicios respiratorios en los que los músculos (respiratorios) puedan descansar. Gracias a los cambios constantes y conscientes los músculos secundarios respiratorios y los primarios no trabajarían de forma intensa.

También se trata de reaprender conceptos, y llevar correctamente el control voluntario de la respiración. Muchas personas, ante la petición de llenar completamente los pulmones realizan la siguiente secuencia errónea de acciones respiratorias: inspiran rápidamente aire por la nariz o boca, eleva hombros, ensancha las costillas y a la vez aprietan el vientre hacia dentro. Es un intento forzado de expandir la caja torácica. Este conjunto de acciones impide que se llenen del todo los pulmones. A más esfuerzo, menos aire entra.

La forma correcta para llenar del todo los pulmones es: coger lentamente el aire por la nariz y dejar que entre suavemente mientras el vientre se infla, las costillas se abren suavemente y cuando hay experiencia práctica suficiente notaremos que las clavículas también se elevan. Así ya están llenos los pulmones, a capacidad completa.

Por un mal funcionamiento respiratorio, los músculos respiratorios pueden contracturarse, debilitarse, romperse (esguinces) y sobrecargarse, como cualquier otro musculo del cuerpo. Y los pulmones que son elásticos, pero no tan flexibles como los músculos, pueden dañarse (esto es muy poco probable en pulmones sanos, y el prānāyāma está contraindicado en prácticamente todas las  patologías pulmonares). Si no aplicamos correctamente el reaprendizaje respiratorio y forzamos los músculos respiratorios, podemos crear lesiones. El esfuerzo pulmonar del ejercicio respiratorio es “inofensivo (si está correctamente realizado)”.  Sin embargo, si forzamos y llevamos al extremo, tanto la musculatura respiratoria como a los propios pulmones, antes de estar preparados, podemos crearnos algún tipo de lesión. Recordemos que todos los textos antiguos y maestros del yoga mantienen que para aprender prānāyāma hay que hacerlo con un maestro experimentado.

¡Que nadie se asuste! los músculos respiratorios protegen los pulmones. Los especialistas médicos admiten que siempre hay posibilidad de lesión, aunque afirman que es de 0,01%. Pero es mejor avisarlo, pues unos músculos respiratorios y pulmones debilitados por una mala respiración diaria por largo tiempo o con patologías médicas, no están preparados para determinados ejercicios respiratorios. Por tanto, la recuperación de una respiración completa y correcta debe ser el primer paso, antes de iniciarse en el prānāyāma. No se puede empezar prānāyāma, con sus retenciones de aire, respiraciones rápidas o muy lentas, vaciados intensos, y obligar a los músculos respiratorios y pulmones a hacer que entre más cantidad de aire del que están acostumbrados. Debe ser un trabajo progresivo en el que la respiración consciente, se amplié progresivamente con ejercicios respiratorios basados en el control de la respiración y āsanas de Hatha Yoga, que prepararan la caja torácica y los músculos respiratorios junto con el resto del cuerpo de forma progresiva.

Para practicar prānāyāma correctamente primero hay que desarrollar la capacidad pulmonar en amplitud respiratoria (caja torácica amplia en flexibilidad para que pueda expandir los pulmones), duración (retención de aire cómoda), y profundidad respiratoria (llenar y vaciar al completo los pulmones). Una vez recuperada la tonicidad de los músculos respiratorios y ya preparados junto con los pulmones para la realización de prānāyāma, descubriremos que la práctica continuada de prānāyāma consigue un estado óptimo y permanente del sistema respiratorio que funciona con más eficacia. Que la respiración correcta se vuelve habitual y es más difícil volver a los malos hábitos. Se nota un bienestar psicofísico, aumenta la vitalidad de cuerpo, y muchos otros efectos positivos.

yogasuryachandra

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