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Sūtra IV. De otra forma, se produce la identificación con las fluctuaciones mentales de la consciencia

Pāda I. Sūtra IV: Vrtti sārūpyam ítara tra

Vrtti: proceso, función o modificación mental y emocional, fluctuaciones mentales y emocionales. Comportamiento de la mente, fluctuaciones de la conciencia, modificaciones del estado mental, o estado emocional.
Sārūpya: identidad de forma, asimilación, identificación, adecuado, conformidad, afinidad, cercanía o proximidad.
Ítaratra: de otra forma o modo, diferente, en otro momento, en otro caso, otras ocasiones, otros sitios.

“De otra forma, se produce la identificación con las fluctuaciones mentales de la conciencia”.

(Este SŪTRA explica el caso contrario a lo explicado en el SŪTRA anterior).

Cuando existe una excesiva identificación con las formas mentales (vrttis), la mente se convierte en poseedora, quedando atrapada por las fluctuaciones, identificándose y perdiendo la aptitud o capacidad para comprender el objeto que se ve. Trasladada o reemplazada, esa capacidad para comprender, por la concepción o idea que la mente tiene del objeto, provoca que el “ser” quede en el olvido y confundiendo la mente ordinaria con el objeto.

Es la mente limitadora la que tiende a ensombrecer al “ser” y creerse el objeto, y el “ser” termina quedando relegado. Ya que la mente y los sentidos son el puente que une el “ser” con el objeto, al descartar al “ser”, lo lleva a la inexistencia.

Cittá (la mente como sustancia mental o conciencia mental) recibe a través de los sentidos “el objeto o los objetos” (pensamientos, sensaciones, ideas, emociones…), y los absorbe como impresiones o grabaciones (Samkāras). Estos samkāras son como el alimento de cittá (la mente, sustancia mental), que por su permanente necesidad de absorción y asimilación, los busca constantemente, creando una energía circular en la que “el ser” queda escondido. Lo que provoca que el individuo quede sometido a las variables y vulnerabilidades del mundo fenoménico, cambiando su estado de ánimo según las experiencias vividas en el mundo externo, que experimenta como si fueran del interior del individuo, ya que termina creyendo que las emociones, sensaciones y reacciones son su realidad y que provienen del exterior, cuando en realidad el origen está en el interior de la mente, es la realidad de la mente como objeto, una ilusión, y no es la realidad del “ser”.

La parte de la mente que es limitadora es la causante del dolor y sufrimiento ya que por su identificación con la mente y sus fluctuaciones, nos atascamos en el pensamiento racional, que excluye otras perspectivas, así, cree que “el ser” es la mente limitadora y desea poseer… teme perder “lo que es” y “lo que posee…”

Soy el cuerpo, temo la enfermedad, soy la emoción, temo la traición, soy el dolor y el sufrimiento, quiero felicidad, soy lo que poseo, temo perderlo… La identificación también genera exceso de miedo (una de las emociones negativas más poderosas). Y cuando por el contrario experimentamos y nos identificamos con cosas agradables la ausencia de dolor, desagrado o sufrimiento nos provocan una actitud de acomodamiento, si el exceso de miedo nos puede paralizar, el exceso de bienestar nos frena para buscar el crecimiento personal. La identificación es un obstáculo. Pero sobre todo la identificación con las emociones ya que son más fuertes que los pensamientos. Y tenemos aún menos control sobre ellas.

Soy las ideas y pensamientos, soy los deseos, soy fulano de tal, soy la profesión que ejerzo, soy hombre, soy mujer, soy padre o madre, hijo/a, hermano/a… Es muy raro, y más en nuestra cultura, encontrar a alguien que no se sienta identificado con todo lo que se ha comentado y muy pocas personas se identifican con su propio ser.

Entre los expertos se repite mucho la frase “la mente esclaviza pero también libera” Hay que romper las ataduras con las que la mente limitadora sujeta “al ser”. Estas ataduras son esquemas y procesos mentales, que hay que transformar, educando a la mente, y convirtiéndola en algo más sutil, más tranquila… para ello el yoga propone dos posibles formas o modos de actuar ante las fluctuaciones mentales, ambas formas tienen el mismo objetivo, desapegarse de la identificación irreal.

  • Una es concentrar la mente en un único objeto (interno, como un pensamiento, una emoción, algo más abstracto, incluso en el propio Sí mismo, o externo, como la llama de una vela o un yantrá) consiguiendo inmovilizar a la mente.
  • La otra forma es todo lo contrario, permitir movimiento mental sin tratar de impedirlo, observándolo, como un espectador, sin juzgar lo que se ve, sin interferir en ello, solo dejando hacer, sin luchar por conseguir resultados, sin identificarse con lo que se ve o se siente, en definitiva desapegándose. El observador debe ser un testigo neutral para conseguir el desapego o la desidentificación.

Transformando la mente se transforma la persona.

Se dice que una vez conseguida la liberación del ser, uno se libera del dolor, y de las limitaciones del tiempo y el espacio, expandiéndose en la esencia única como algo eterno e infinito. Ese es el objetivo. El fin último del yoga lograr el Samādhi. Un estado que provoca la mayor transformación posible en un individuo, transformando sus prioridades, y su visión del mundo, dando más importancia a lo que realmente la tiene, sin egoísmo. La vida, la compasión, la comprensión,…

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