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Sūtra III. Entonces el observador (el que ve) permanece en su propia forma (en sí mismo)

Pāda I. Sūtra III: Tadā drastr ūh svarūpin avasthānam

Tadā: luego, entonces
Drastr: el alma, el vidente, el que ve, el observador, el testigo.
Ūh: observar, indicar, señalar.
Svarūpin: en sí mismo, autentica forma, estado real
Avasthāna: morada, permanece, reside o residencia, descansa, reposa

“Entonces el observador (el que ve) permanece en su propia forma (en sí mismo)”.

La consecuencia de purificar la mente cuya naturaleza es volátil y cambiante, es perder la identificación con los pensamientos y emociones que fluctúan en ella, es descubrir el ser, el Sí mismo.

La esencia pura de lo que se es (lo que uno es), es aquello que no te puede ser arrebatado o destruido. Los pensamientos, las emociones, las sensaciones solo recubren esa esencia pura y pueden ser destruidos, cambiados unos por otros, transformados y eliminados.

La identidad del Ser debe entenderse como lo que uno es realmente, lo que no cambia en sí mismo, y los cambios que son externos al sí mismo, no le afectan.

En este estado los pensamientos, las ideas preconcebidas, los productos de la imaginación, los deseos y las emociones como el miedo han sido dominados, reducidos, aplacados o silenciados y sobretodo eliminados o aislados. Quedando solo el observador que es percibido sin distorsiones, lo que revela su naturaleza, una nueva percepción del observador, sin ninguna actividad mental. Un estado de conciencia pura.

Un símil muy utilizado es comparar el océano con la conciencia y el oleaje con las fluctuaciones de la mente. Desde la conciencia individual (la superficie) solo se percibe el oleaje, cuando las olas desaparecen se percibe el océano, así se afirma que igual que las olas surgen del océano y vuelven a él, los pensamientos surgen de la conciencia y regresan a ella.

El estado llamado de autorrealización que se alcanza cuando la quietud se vuelve permanente al cesar los vrttis (las fluctuaciones mentales, pensamientos y emociones), no es una experiencia temporal.

Llegar a este punto es el resultado de un proceso largo y progresivo. Las diferentes técnicas de meditación pueden conseguir una adecuada auto-observación, desarrollando la conciencia testigo que ayude al practicante a conseguir una correcta actitud de desapego, expandiendo la mente y la conciencia a perspectivas más amplias. Ya que el desapego consigue que “el ser” deje de quedar relegado y la mente que se identifica con lo que no es, pasa a un segundo plano. Cuando se consigue esa autorrealización, es entonces cuando el ser, el alma individual (ātmam), la mente pura se expande y descubre que es uno con Śivá, la conciencia suprema.

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yogasuryachandra

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