Durante la práctica del yoga y de los āsanas, la mente puede jugarnos malas pasadas, y no solo a quien se inicia en esta disciplina.

Puede crear dispersión, por estar más pendiente de otros asuntos diferentes a la práctica de la postura que se está realizando. Incluso se podría dar el caso de que la mente interfiera en la práctica de un āsana por impaciencia o deseos de acabar el āsana antes de tiempo por diversos motivos:

  • Querer ir muy deprisa para cambiar a la siguiente posición.
  • Que la postura no sea del todo de nuestro agrado.
  • Creer falsamente que ya hemos perfeccionado lo suficiente el āsana.

Cuando hay mucha diversidad también se crea dispersión, es posible que por querer hacerlo todo no nos centremos en nada, es preferible trabajar un grupo reducido de āsanas que trabajen el cuerpo poco a poco, mejorando física y psíquicamente. Y una vez perfeccionados estos āsanas, y con el cuerpo preparado para nuevos āsanas, añadir progresivamente otras posiciones (āsanas), sin dejar de realizar los āsanas anteriores, para no olvidar lo aprendido.

Hay que enseñar a la mente a PARAR, hay que SABER ESPERAR, hay que aprender a estar en el AQUÍ Y AHORA. Pararse en una postura no significa literalmente quedarse quieto, ya que en los ejercicios dinámicos (karanas) hay que tener la misma actitud, parase significa en este caso concentrarse en el āsana o karana como si fuesen lo único que existe en el mundo, no hay otra postura detrás para cambiar y hacer algo distinto, no transcurre el tiempo durante el āsana para decidir que ya he estado suficiente tiempo, pues no es la mente quien decide cuando parar, es el cuerpo el que debe informar a la mente a través de las sensaciones.

Hay que entrenar a la mente igual que al cuerpo para que la mente sea firme y mantenga la posición el tiempo requerido, o que en una karana repita el movimiento o secuencia de movimiento las veces estipuladas.

Cada posición o āsana, al igual que las karanas (ejercicios dinámicos) tienen un proceso de aprendizaje que no está estipulado, ya que depende del punto de partida de cada practicante (a la hora de tomar la decisión de practicar yoga), de su facilidad o dificultad innata. Por ejemplo, el punto de partida no será el mismo para alguien que empiece a practicar yoga a los 20 años, que el de una persona que empieza a los 50, tampoco será el mismo para dos personas que con edad similar, uno haya vivido de forma sedentaria y el otro se haya pasado la vida haciendo actividades deportivas o similares. Además del punto de partida físico, está el punto de partida mental, puede que la persona sedentaria tenga la mente menos activa y por tanto más facilidad para la concentración, que la persona que realiza más actividad, (no tiene nada que ver el ser sedentario con la facilidad para la concentración, es solo un ejemplo). Una persona acostumbrada a hacer muchas cosas puede tener más dificultad para concentrar su mente en una sola cosa, pero no es un regla o una norma solo un ejemplo.

Por lo tanto los resultados llegaran de forma diferente a diferentes personas, y no hay que desear o hacer nada que provoque un aceleramiento de los resultados, ya que sería contraproducente, a nivel físico puede ser motivo de lesión, y a nivel mental, podría provocar que la mente controle la práctica del āsana o del yoga, en lugar de que la mente sea la controlada y utilizada para nuestro propósito del aprendizaje de esta disciplina.

El fruto debe madurar antes de comerlo, la maduración en la práctica del āsana, te permite descubrir y disfrutar de tu interior física y mentalmente.

La disciplina del yoga es un arte y cada āsana una escultura, el practicante de yoga un artesano, que se toma su tiempo, perfeccionando la obra de arte sin pretenderlo ni proponérselo. Lenta y minuciosamente crea una pieza de artesanía irrepetible, de valor único. La materia prima es el cuerpo, la mente la herramienta dirigida por la consciencia, que una vez adoptada la posición, pacientemente, la va esculpiendo, así, la mente atenta, observando sin juzgar, sin prisas, dejando hacer, moldea una pieza de arte.

En la disciplina del yoga, la impaciencia, las prisas, la hiperactividad, son obstáculos importantes que hay que aprender a superar. La práctica del yoga tiene que ser paciente, para que se activen los factores internos que nos permitan recorrer el camino de nuestro desconocido mundo interior. Hay que proceder de forma no mecánica, sino consciente además de tranquila y meditada, nunca impulsiva, siempre plenamente consciente de todo lo que sucede durante la posición o āsana.  El aprendizaje nunca deber ser rápido en la práctica del yoga,  para acelerar los resultados, el aprendizaje requiere asimilación de lo aprendido para lograr esos resultados.