Se dice que cuando nace un niño, su estado de conciencia es el estado de meditación. Desde el primer aliento del recién nacido, a través del cerebro y su sistema cognitivo, la conciencia comete el error de comenzar el proceso de identificación. La identificación comienza con el cuerpo físico, y tal como va creciendo y convirtiéndose en adulto, la identificación se cristaliza de forma progresiva.

Esta identificación que empieza con la parte física (soy el cuerpo), se expande gradualmente al desarrollarse  las conexiones neuronales, que durante el aprendizaje necesario para movernos en el mundo físico se van generando. Y la verdadera conciencia queda oculta, tras esa creación que es el yo, la personalidad. Y que termina gobernando al individuo.

Este yo desarrollado a lo largo de la vida del individuo, se forja a nivel interno sumando las creencias culturales, sociales y familiares que le llegan de su entorno. Las ideas y las opiniones que se va forjando, los deseos y las aspiraciones que se anhelan, las actitudes que se adquiere ante todo esto y ante la vida que se le presenta…. Y a nivel externo con las posesiones materiales necesarias o no, para la vida en el mundo fenoménico. Según el yoga, también se trae de vidas pasadas aspectos latentes que se desarrollaran.

La naturaleza humana, tiende a mantener su vinculación con el ego, con el yo, con la personalidad. Esto es debido a varios motivos: por el cuerpo físico, la biología, la genética. Por la mente en la que vive la conciencia. Y por las emociones y sensaciones que envuelven los sentidos. Y aunque se intente la liberación de esta conexión, el arraigo es tan fuerte que la tarea se vuelve muy complicada. Ya que es necesaria la observación constante desde la conciencia interior.

  • El primer paso es  reconocer que el ego gobierna cada acción, pensamiento y deseo.

Para este reconocimiento es necesaria una conciencia presente, en el aquí y ahora permanente.

  • El segundo, discernir los movimientos del ego, su funcionamiento, sus reacciones, sus raíces más profundas.

Manteniendo la conciencia presente del primer paso, descubrir el porqué de las reacciones a nivel interno, en lo más profundo de uno/a mismo/a. No a un nivel de comprensión racional, sino a un nivel de experiencia vivida. La comprensión vivencial o mejor dicho: comprender la experiencia o vivencia interna, te permite comprender las reacciones que se manifiestan en el exterior.

  • El tercero, utilizar técnicas y disciplina para desalentar y rechazar al ego. Debilitarlo.

Una vez que el entendimiento vivencial da una perspectiva de lo que ocurre en tu interior y lo comprendes, puedes adoptar las medidas correspondientes para cambiar progresivamente tus patrones internos. Sembrando nuevas actitudes ante situaciones externas que permitirán una “acción” más adecuada al exterior, en lugar de una “reacción”. No es lo mismo reaccionar ante el exterior, que actuar en el exterior.

  • El cuarto paso es percibir, sentir y experimentar a la esencia última en todas las cosas y en cualquier lugar o momento. Solo entonces desaparece la identificación.

Todo lo anterior, desde el primer paso al tercero, requiere una observación permanente, estar en una atención plena y consciente. Lo que se convierte en una técnica de concentración permanente y activa, que termina en un estado meditativo mantenido y que permite la conexión con la esencia última.

En el yoga, se considera al ego, una falsa identidad “Jîvá” con la que experimentamos la separación con todo lo demás. Está enraizado en la ignorancia (avidyā, ajñāna). Y cuando se desarrolla la sabiduría o el conocimiento, el ego se desvanece, (como las nubes en el cielo, dejando ver al sol). A partir de ese momento se deja paso a la “auténtica identidad o âtman”. Este conocimiento NO es un conocimiento teórico aprendido con la mente cognitiva, sino un conocimiento vivenciado desde la conciencia profunda âtman o purusa.

La palabra sanscrita, Jîvá se puede interpretar, definir y traducirse como: yo individual, psique, o ego. Y según el vedanta, es el alma encarnada, que transmigra y experimenta los frutos de las acciones. Está formada por buddhi, citta y ahankara (yo – hacedor). Mientras que âtman se define como “El Espíritu Inmanente, El Ser, El Observador”. Es inmutable, nada lo altera y está en el interior de cada ser. El vedanta lo considera el núcleo, la esencia pura y es sinónimo de purusa. Âtman o purusa solo es perceptible en el estado de meditación.

Desde nuestra cultura occidental, el yo, el ego, es sobre todo un aspecto psicológico que incluye el aspecto emocional. Y lo relacionamos con el cerebro, la mente y lo cognitivo, fisiológico, biológico y genético. Pero el yoga y la cultura occidental tienen una visión más amplia. Incluye además de lo físico y psicológico, lo energético y espiritual.

Desde esta perspectiva del yoga, el ego no está solo en la mente física, sino que está dividido en diferentes aspectos energéticos. Generalizando, uno de estos aspectos seria el emocional y el otro el mental.

Desde lo emocional, el ego se manifiesta en el corazón, pues “la contracción del yo” surge de la percepción de estar separado de todo, de sentirse independiente de lo que le rodea, y aislado. Esto provoca la aparición del temor más básico, relacionado con la supervivencia. La inseguridad frente a la incertidumbre de la vida, la certeza de la muerte pero la inseguridad del cuándo y el cómo. El sentirse superior o inferior al comparase con el entorno, las circunstancias y con otros/as. Así mismo el ego emocional se manifiesta cuando aquello que consideramos que vale la pena,  se le da un valor material o sentimental y lo que no se considera valioso se desprecia o ignora. El placer o el dolor…

En el plano mental, “la contracción del yo” se manifiesta en la duda y la negación al desconocimiento ante lo trascendente. La realidad última, todo lo que la mente no ve o no entiende es negado, puesto en duda y ridiculizado, incluyendo la relación e interacción con todos los seres.  Al no creer que todo y todos/as estamos conectados/as se niega la capacidad de recuperar nuestra verdadera naturaleza,  impidiendo la expansión del YO trascendental.

En el momento que la contracción mental o emocional del yo, se  invierte con una expansión de la amplitud de la conciencia, el yo se diluye, se disuelve en la conciencia amplificada del ser trascendental.

yogasuryachandra

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