Un āsana o postura debe mantener un equilibrio entre sthirá-sukhá

  • Sthirá: se traduce como firme, fuerte, estable, permanente, inmutable, quieto…
  • Sukhá: se traduce como facilidad, comodidad, desenvoltura.

Aplicar sthirá-sukhá en un āsana, se refiere a como debe ser ese āsana en la práctica, debe tener un buen equilibrio entre sthirá-sukhá, ese equilibrio a la hora de practicar la postura, debe ser por igual, sthirá (firme, estable, inmóvil) y sukhá (cómoda y fácil).

Es un error muy grave querer practicar con esfuerzo y urgencia, como si el cuerpo tuviera que dar resultados inmediatamente, como si tuviera que ser controlado y dominado. No hay prisa, no hay competición ni si quiera con uno mismo, ningún movimiento brusco está permitido. Es precisamente todo lo contrario, hay que mimar y cuidar al cuerpo dándole el tiempo que precise para conseguir resultados, y ese tiempo no se refiere solo al momento en el que se está practicando el āsana, sino también al número de veces que haya que repetir ese āsana, en sucesivas sesiones para conseguir el progreso. De lo contrario cada vez que se haga el āsana se estará en el mismo punto de partida. El progreso se consigue focalizando el trabajo en el objetivo, sino se focaliza, habrá dispersión en la práctica, que es lo que sucede cuando se varía demasiado de āsanas, no se avanza en ninguna porque se practican muchas.

Una premisa indiscutible en yoga y por lo tanto en la práctica de los āsanas es el ahorro de energía, hay que utilizar solo los músculos implicados para conseguir la posición y el esfuerzo justo y necesario, el resto de músculos que no son necesarios para la ejecución del āsana deben estar completamente relajados. Se trata de dejar que el límite ceda por sí mismo, y nunca obligarlo a que ceda.

Los resultados a la hora de progresar en un āsana dependen sobre todo de darle tiempo al cuerpo para progresar, los obstáculos no se eliminan de un día para el otro, las tensiones y bloqueos no son de un día sino de años, y no son solo físicos, también mentales.

El primer paso es reconocer y aceptar, cual es el estado actual en el que se encuentra el cuerpo y la mente. No es cuestión de eliminar el obstáculo sino de descubrirlo, entenderlo para entonces poder actuar sobre él de la forma adecuada y que a su vez dependerá del descubrimiento sobre el obstáculo en cuestión. El obstáculo puede ser mental, ocurre que a veces por nuestro empeño en hacerlo bien, ponemos más energía de la necesaria, implicando músculos no necesarios o que los necesarios hagan más esfuerzo de la cuenta, lo que provoca una rigidez del musculo en cuestión, que limita el movimiento en una fase dinámica o impide el avance en la fase estática.

En la práctica del yoga y de las āsanas hay que mantener la atención constante, nunca deben realizarse de forma mecánica o con la mente ausente o distraída, lo que significa no pensar en algo distinto a lo que estamos realizando en el momento presente.

La zona corporal más importante de nuestro cuerpo, en un āsana, es la columna vertebral, se considera el eje o centro, y su importancia se debe tanto al sistema nervioso desde una perspectiva física, como a la relación que según el yoga tiene con los aspectos energéticos más sutiles. Aplicando las āsanas, con su correspondiente incidencia en la columna vertebral liberamos o activamos la energía vital, lo que repercute en nuestro equilibrio interno.

El āsana, por tanto, debe realizarse de forma lenta y muy suavemente, el mantenimiento debe prolongarse progresivamente, el esfuerzo el justo y necesario, incluso podríamos decir el mínimo posible, y se acompaña de la respiración coordinada lenta y profunda, de la relajación muscular y mental, para adoptar la actitud mental correcta.

Perfeccionar un āsana significa repetir ese āsana, (incluso diariamente) hasta conseguir su máximo permitido por el cuerpo físico a nivel articular, muscular… lo que no significa que se llegue a la perfección de la postura (una lesión crónica lo impediría, pero no por ello el āsana estaría incompleta o mal realizada), y ese máximo conseguido, que varía según el estado físico del individuo, se pueda mantener todo el tiempo que sea posible con comodidad. (Los principiantes no deben superar los dos minutos aunque se sientan cómodos.)